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El juego cambió en Brasil: la oposición ya tiene a su líder en las calles

El juego cambió en Brasil: la oposición ya tiene a su líder en las calles

En los últimos tiempos poco había para celebrar en Brasil, pero desde ayer se veía la alegría en las calles debido a la más reciente decisión del Supremo Tribunal Federal que permitió la libertad del expresidente Luiz Inácio Lula Da Silva, el líder más amado de la nación suramericana, preso en la sede de la Policía Federal de Curitiba durante un año y siete meses como resultado de maniobras políticas y judiciales.

Los magistrados, por apretado margen de 6 a 5, aprobaron que las condenas solo sean cumplidas después de agotados todos los recursos judiciales, como plantea la Carta Magna del país. Esa decisión posibilitó la salida de Lula e impacta en las penas de miles de prisioneros brasileños.

Independientemente de estar ya en los brazos de su pueblo, Lula busca la anulación del proceso por medio de un Habeas Corpus que presentó hace un tiempo ante el propio Supremo Tribunal Federal.

La defensa del exgobernate plantea que el juez que lo condenó, Sergio Moro, es parcial y tenía motivaciones políticas. Por tanto, la libertad del exmandatario no anula la condena. Vendrán maniobras para acelerar otras causas judiciales en su contra.

Entonces es lógico preguntarse si podría volver a la cárcel. En teoría sí. Si el Supremo lo condena por el caso relativo al llamado apartamento tríplex que supuestamente obtuvo como soborno de la constructora OAS, tal como ocurrió en tribunales de menor instancia, puede regresar tras las rejas.

Además, como parte de la persecución judicial contra el expresidente hay otros procesos en espera de juicio que pudieran resultar en condenas de privación de libertad.

La derecha, interesada en mantenerlo fuera del radio público de acción, hará todo lo posible por revertir esta decisión de la corte suprema. Ya el Congreso avisó que comenzará a tramitar una Propuesta de Enmienda Constitucional que permita las prisiones a condenados en segunda instancia.

Pese a no haberse anulado el proceso tan turbio y falta de evidencias, de momento el panorama político cambió. El Partido de los Trabajadores anunció que Lula recorrerá Brasil y a eso le temen Bolsonaro y su tropa que saben del poder de aglutinamiento del exgobernante que colocó a Brasil como la séptima economía del mundo y sacó a millones de personas de la pobreza extrema.

Él resistió y soportó estoicamente el arresto de 580 días, no quebrado física o moralmente, como esperaban sus enemigos, porque siempre ha estado convencido de su inocencia.

El futuro es difícil vaticinarlo. Bolsonaro no está fuera de la escena totalmente, aún tiene un 30 por ciento de respaldo a pesar de que la economía sigue estancada, el desempleo es elevado, la pobreza crece y la inestabilidad política preocupa a los inversores.

A partir de ahora, aunque hay retos por delante, como la necesidad de reagrupar a la izquierda, el juego cambió en Brasil. A partir de hoy, el debate y la lucha política tomaron otro nivel: La oposición ya tiene a su líder en las calles.

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