Descubren que SARS-CoV-2 puede infectar a células del sistema inmunitario

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El organismo de una persona positiva al SARS-CoV-2 es como un campo de batalla:cuando el virus entra al cuerpo y si el sistema inmune de la persona funciona de manera adecuada, se activan los mecanismos de defensa.

En primer lugar, intervienen los macrófagos, o sea, células especializadas en “devorar” al invasor.Son parte de nuestra defensa innata, la que tenemos de nacimiento, que es inespecífica y se activa frente a cualquier agente extraño.

A la vez, comienza a desarrollarse la segunda línea de defensa, la adaptativa, que es específica para cada agente dañino. Hablamos de los anticuerpos, que como recordaremos, se detectan en las pruebas rápidas.

Y en este escenario actúa otro componente de la respuesta inmune adaptativa: los linfocitos T.

Son un tipo de glóbulo blanco.Resultan especialmente efectivos para destruir a los agentes que se replican dentro de la célula, como sucede con los virus. En el caso del SARS-CoV-2, los linfocitos-T identifican a las células infectadas, perforan sus membranas y liberan unas proteínas que eliminan, tanto al virus como a la célula dañada.

Es lógico entonces que esos glóbulos blancos se consideren esenciales en la regulación de nuestra respuesta inmune. Por eso, un nuevo estudio publicado en la revista Cellular and Molecular Immunology (Nature) pone en alerta a la comunidad científica.

¿Cuál fue el descubrimiento?

En su investigación, un equipo de científicos chinos hizo interactuar al SARS-CoV-2 con los linfocitos T. El objetivo era determinar su resistencia ante la infección. ¿Resultado?

Pues que la proteína de espiga (S) que el virus lleva en su envoltura le permitió unirse a la membrana de la célula de defensa, entrar en ella y desactivar su función protectora. Esa estrategia es similar a la que utiliza el coronavirus para introducirse en otras células humanas, cuando encaja a la perfección en la proteína ACE2, como una llave con su cerradura.

Sin embargo, los linfocitos-T infectados tenían un nivel muy bajo de ese receptor que el virus utiliza de manera habitual para infectar las células del aparato respiratorio (ACE2). Por tanto, los científicos consideran que el virus usó otro receptor para entrar a las células inmunitarias e investigan cuál pudiera ser.

A partir de este nuevo estudio se sugiere que el bajo nivel de linfocitos, conocido como linfopenia,  pudiera ser uno de los indicadores para determinar si una persona desarrollará COVID-19 de forma severa. De hecho, el 85 % de los pacientes críticos presentan esa condición. Entonces, conocer este indicador ayudaría a realizar un manejo más efectivo de la enfermedad.

Otro hecho nos coloca frente a un coronavirus que se propaga con rapidez.Y es que cada persona infectada trasmite el virus a otras antes de curarse, un proceso en el que los asintomáticos también son un factor clave. Pero, ¿cómo determinar la intensidad del brote de COVID-19?

Se utiliza un concepto muy importante en Epidemiología, que es además, parte fundamental para la toma de decisiones en salud pública.Se trata del número básico de reproducción o R0, conocido también como tasa de transmisión.

Hablamos del número promedio de personas a las que contagiará un individuo infectado antes de recuperarse. Hasta el momento, la Organización Mundial de la Salud estima que la tasa de transmisión de este coronavirus es de 1,5 a 2,5. Aunque también existen “supercontagiadores”, capaces de infectar hasta a 16 personas.

Pero la tasa de transmisión no es un valor fijo, sino que puede variar según el accionar de autoridades y ciudadanos. Por tanto, si con medidas como el aislamiento social conseguimos que la tasa de contagio descienda por debajo de 1, estaremos más cerca de contener la infección.

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