Derecha boliviana utiliza la pandemia para aferrarse al poder

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Ahora mismo siguen apostando a demorar la celebración de comicios, mientras judicializan la política con acusaciones contra Evo y los principales dirigentes del Movimiento al Socialismo, como el candidato Luis Arce.
Ahora mismo siguen apostando a demorar la celebración de comicios, mientras judicializan la política con acusaciones contra Evo y los principales dirigentes del Movimiento al Socialismo, como el candidato Luis Arce.

Ocho meses han transcurrido desde que en noviembre pasado, un golpe de Estado sacara al aymara Evo Morales de la presidencia de Bolivia. Las elecciones debían haberse realizado en un plazo de 90 días, pero el gobierno de facto a jugado a su favor con los términos constitucionales, incluso utilizando a la Covid-19 como justificación.

Ahora mismo siguen apostando a demorar la celebración de comicios, mientras judicializan la política con acusaciones contra Evo y los principales dirigentes del Movimiento al Socialismo, como el candidato Luis Arce.

Nuevas acusaciones ha sumado el gobierno de facto de la autoproclamada Jeanine Áñez contra el ex presidente boliviano, Evo Morales, ahora por supuestos delitos de “terrorismo” y “financiamiento al terrorismo”.

No han sido pocas las acusaciones contra Evo. Es una cacería que no se detiene porque buscan liquidar, reducir a polvo su capital simbólico, que nadie crea en él, en su prestigio y liderazgo como primer indígena mandatario en esa nación, ahora exiliado en Argentina tras el golpe de Estado de noviembre pasado. Hace poco más de ocho meses hablábamos de un país con el mayor crecimiento económico en la región y programas sociales que contribuían a mejorar los índices de salud.

Hoy Bolivia atraviesa su peor momento por la COVID-19, con escenas de muertos en las calles y enfermos rechazados en hospitales. Declararon la cuarentena, pero no se prepararon para lo que vendría después.  Se ha convertido en una de las naciones más golpeadas por la pandemia, si tenemos en cuenta el número de su población: con unos 40 mil 600 confirmados y más de 1 500 muertos.

La situación es especialmente crítica en regiones como Santa Cruz, la más poblada del país y que concentra la mayoría de los casos, y Cochabamba, donde en los últimos días se han vuelto cotidianas las escenas de ataúdes en las calles porque el sistema sanitario y los servicios funerarios colapsaron.

Sin embargo, mientras que ese panorama los golpea, para la autoproclamada, la prioridad es dilatar la realización de las elecciones, atacar al Movimiento al Socialismo y judicializar a sus líderes porque las encuestas muestran un apoyo mayoritario al MAS de cara a los comicios, convocados para el 6 de septiembre próximo.

La persecución política no se detiene y apelan nuevamente a la estrategia de guerra jurídica –antes lo hicieron con Lula, con Correa, con Cristina Fernández– y han abierto causas contra el binomio Luis Arce – David Choquehuanca, los candidatos del MAS a la Presidencia. A Arce lo investigan por presunto desvío de recursos durante su paso por varias instituciones públicas, pero todo esto, sin mostrar pruebas.

La Central Obrera Boliviana envió un ultimátum al ejecutivo de Áñez: “Se van a elecciones nacionales o se van con convulsión social”. El propio opositor Carlos Mesa, segundo en las polémicas elecciones del 20 de octubre, se sumó a la exigencia de nuevos comicios y rechazó cualquier prórroga.

¿Por qué no quieren ir a elecciones? Porque saben que tienen grandes posibilidades de perder. Una encuesta contratada por el propio gobierno de Áñez coloca en la delantera a Luis Arce con el 37 por ciento de intención de votos; a Mesa detrás con el 19, Áñez con el 13 y a Luis Fernando Camacho con apenas el 8 por ciento.

La pérdida de credibilidad de la autoproclamada Áñez cada día es mayor: corrupción en el manejo de la pandemia, los respiradores defectuosos para atender a los pacientes con la Covid, más de tres millones de dólares malversados solo en ese caso. Todo ello muestra de la profunda crisis política, social y económica que vive Bolivia tras el golpe de Estado.

La interrogante que queda en el tintero no sabremos su respuesta aún: ¿Los mismos que orquestaron el golpe y ahora están en el poder, respetarán el resultado de las elecciones si ganara el Movimiento al Socialismo? Lo que si sabemos es que la Organización de Estados Americanos, ese ministerio de colonias radicado en Washington está dispuesto a cantar fraude contra el MAS nuevamente, aunque no tenga una sola prueba que mostrar. La verdad necesita de nosotros.

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