Debemos reforzar las medidas preventivas

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Nos falta un trecho inmenso para estar preparados, y algunos lo saben.
Nos falta un trecho inmenso para estar preparados, y algunos lo saben.

He recibido estas imágenes más de 100 veces. Me las han enviado amigos del Facebook, y hasta algunos desconocidos. Expresa un deseo que solo podrá concretarse con el cuidado responsable de cada persona, ante una enfermedad que se ha robado todos los titulares del mundo.

Lo sucedido en China, Italia, España, Estados Unidos y muchos otros países, debería servirnos de algo. Al menos, debería servirnos de ejemplo, porque nos muestra el camino de lo que podría ocurrirnos si dejáramos que la pandemia se ensañe con Cuba.

Pero publicar esas imágenes no ha sido suficiente para elevar la percepción de riesgo, más allá de la evasión de los saludos efusivos, del uso del cloro para entrar a cualquier sitio, y del nasobuco como medio de protección. Nos falta un trecho inmenso para estar preparados, y algunos lo saben.

Al parecer Santa Bárbara no ha tronado lo suficiente, porque siguen siendo muchos los comentarios incautos que disminuyen la gravedad de la situación al decir que “nada nos pasará, tú verás que no”, porque “tenemos un sistema de salud muy sólido”. Y decir que nada nos pasará es encomendarnos a la providencia. Y poner todo nuestro cuidado en manos del sistema de salud es ignorar que el colapso de hospitales ha sido una constante en la desarrollada Europa por estos días, y que el MINSAP y el gobierno cubano han asumido responsablemente una misión compleja, pero no debemos hacérsela más difícil imposible con nuestra irresponsabilidad.

Hoy no existe suficiente percepción del riesgo entre los cubanos para enfrentar la Covid-19. No digo que no la haya; solo digo que no es suficiente. Y cada una de estas imágenes me da la razón.

Por suerte, la Mesa Redonda de este lunes –con la claridad del Primer Ministro y del resto de las autoridades– sembró algo más que una duda razonable en el ánimo de algunos confiados, y enseguida aparecieron las imágenes de las colas de gente separada a un metro de distancia, para comprar el pollo y además picadillo, salchicha, aceite, cloro… Porque también es verdad que hay que salir de casa a prepararse para la tormenta. Solo que, en mi opinión, no deben ser nuestros abuelos los que hagan esa cola.

¿No se ha dicho que son los más vulnerables? ¿Por qué mejor no la hacen los jóvenes, que hoy no tienen clases y podrían emplear su tiempo en ser útiles a la familia?

Por otra parte, en tiempos de crisis como este, urgen medidas para generalizar la distribución equitativa de alimentos y productos de aseo, así como se hizo en Las Tunas semanas atrás, cuando el coronavirus estaba lejos aún, y como se hizo esta semana en la ciudad de Holguín, según publicó una colega en Facebook. Son experiencias a generalizar.

Y como a la prensa le es dable opinar y proponer, yo propongo. Este fin de semana, en la cremería La Word, del municipio capitalino de Cerro, reconocí las medidas de distanciamiento social e higiene implementadas allí, pero también le propuse a la administradora en funciones que el helado se venda en el cerrado kiosco de la esquina, o habilitando un área para ello, y en recipientes que lleven las personas, pues no hay por qué tomarse el helado en el plato y con la cuchara del establecimiento. Sé que eso es “lo establecido”, pero incluso lo que está establecido puede y debe ser transformado en tiempos de contingencia, mucho más si está en juego la vida de la gente.
Asímismo, pienso que ETECSA podría alargar la duración de los bonos e implementar nuevas medidas para facilitar la comunicación entre las personas. Y también podría aportar mucho más en la información rápida y oportuna sobre la pandemia en Cuba, y en la orientación sanitaria al pueblo, con varios mensajes a la semana.

Siempre hablamos de reservas y esas son algunas de las nuestras. Pero hoy no todos actuamos como demanda un momento que es peligrosamente crítico, y todavía hay quienes suponen que, como se suspendieron las clases, están de vacaciones. Hay gente vacacionando mientras el coronavirus “trabaja”. Gente que juega dominó hasta la madrugada, que se aprieta en el elevador, que se ríe de los que usan nasobuco, y aprovecha para hacer visitas ahora que le pidieron quedarse en casa.

Una colega muy especial se pregunta hoy, desde una de las páginas de Juventud Rebelde: ¿Qué nos está faltando como medios de comunicación, como gobierno, como familia, como sociedad, para que la gente entienda que la COVID-19 enferma y mata? ¿Quién cree todavía que esto es un juego? ¿A quién le hace falta un muerto en su familia para entender que no debe salir de su casa si no es imprescindible; que no debe hacer ni recibir visitas; que debe lavarse las manos y no tocarse los ojos, la boca, la nariz, la cara?
Les dije que me han llegado decenas de mensajes con las mismas fotos, en las que se lee: “Quiero verte de nuevo”. Ojalá todos los que envían este mensaje tomaran providencias. Ojalá todos los que lo reciben siguieran la cadena de sentimientos, y lo hicieran vestidos con el traje de la responsabilidad, que hoy, más que nunca, puede salvarnos la vida.

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