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De cultura, bailes, ritmos y otras génesis (III)

De cultura, bailes, ritmos y otras génesis (III)

La mayor influencia española se centra en la música del campesino que interpreta décimas y que en este siglo llega a la ciudad, donde el negro improvisa también Décimas y baila el Zapateo acompañado por el tiple, la guitarra y la bandurria, posteriormente el laúd. Estas canciones se denominaban Puntos Guajiros generalizándose bajo el término Guajiras o música del campesino.

A pesar de que no es hasta 1836 que encontramos en el Diccionario Provincial Cuasi Razonado de Vozes y Frases Cubanas, de Esteban Pichardo, una descripción de esta música campesina, OlavoAlén detalla en su libro “De lo Afrocubano a la Salsa” que desde finales del siglo XVIII existen referencias de esta música campesina, emparentada con la música folklórica canaria. La denominación de Punto se refiere entonces solo al acompañamiento instrumental.

A las reuniones o fiestas de campesinos se les denominaba guateques o parrandas en el centro y el occidente de Cuba. El guateque, que parece ser la más antigua denominación de estas reuniones festivas campesinas, cobró su denominación en Pinar del Río, La Habana, Matanzas y Villa Clara. En Cienfuegos, Sancti Spiritus y Ciego de Ávila estas celebraciones recibieron el nombre de parrandas.

El Punto de la zona occidental se denomina “libre” y el de la zona central de Cuba “fijo”. La obra de OlavoAlén presenta unos magníficos ejemplos sonoros de ambas variantes. Dentro del Punto Libre existen las variantes denominadas Tonada Menor y Tonada Carvajal o Española. En el Punto Fijo entran las llamadas Tonadas Espirituanas, el Punto Cruzado y la Seguidilla. Con las mismas características del Punto se ubica la Parranda.

El romancero español y sus coplas se asentaron en el gusto del campesino criollo cubano descendiente de los primeros colonos españoles. Asimismo, el canto del campesino se acompañaba con un baile denominado Zapateo.

El guajiro canta también el cancionero trovadoresco cubano, denominando a estas canciones Criollas.El canto del campesino desarrolló una gran variedad de Tonadas, como se les llama a las melodías con que entonaban sus décimas o poesías. La música campesina cubana alcanzó gran popularidad y riqueza bajo distintas fórmulas de improvisación llegando incluso a organizarse desafíos de improvisadores de Décimas.

Una caricia al lirismo…el bolero

El Bolero cubano nace en 1883, año en el que Pepe Sánchez crea el primer bolero titulado “Tristezas”. Nada tiene que ver con el bolero español. Su desarrollo se inicia en el oriente cubano. El Bolero cubano es música eminentemente urbana que tiene mucho que ver con la Trova y la Canción cubana y poco con los viejos boleros españoles que prácticamente solo le aportaron el nombre.

El nombre del género deriva de un antiguo baile español, denominado Seguidillas Boleras. Esta ascendencia hispana ha pasado con el tiempo a un segundo plano.El Bolero español fue llevado a la tonadilla y a la música clásica.

Alberto Villalón

En Cuba el Bolero adopta el compás binario con clara influencia afro.En definitiva el Bolero es una derivación del Fandango y de la Seguidilla Bolera que evolucionó hacia formas m s lentas y de distinta métrica, según se cante en Cuba, Méjico, Argentina o República Dominicana donde se fusiona con el Son y las Rancheras mejicanas y da lugar a la canción de amargue o Bachata. Alberto Villalón y Sindo Garay lo introducen en La Habana a principios de este siglo.

Segundas partes fueron buenas esta vez….evolución del bolero

En julio de 1792, encontramos la primera mención que se hace en Cuba del Bolero, en el diario «Papel Periódico» de La Habana; pero nos aclara Natalio Galán en Cuba y sus Sones que «era muy españolizado».

Si se buscan las raíces de nuestro Bolero, hay una parte en el Bolero español conocido por más de trescientos años, pero en Cuba sufrió una metamorfosis para llegar al actual, y poco a poco le cambiaron el ritmo, forma y giros melódicos.

Las Boleras fueron una danza popular que usaban desde 4 a 8 o más parejas. En aquel entonces también existía La Cachucha, una variante del Bolero español, que se popularizó en La Habana de 1840 por Fanny Elssler, y se bailaba por una sola persona (hombre o mujer). Y el Bolero español (de 3×4) que era más coreográfico solo podían haber una o dos parejas.

Al ser Cachucha y Bolero español bailes exclusivos para buenos bailadores o bailarines, y las Boleras un baile y canción popular, prevalece el nuestro, y a la hora de definir se queda con el nombre Bolero porque como escribió Galán, tenía raíces más profundas «teatralmente determinadas».

En el 1870 le acompañará el Cinquillo que ha sido fijado en casi todas las composiciones cubanas, al decir de Helio Orovio en su Diccionario de la música cubana y para 1890 abundan los boleristas orientales entregados a una estilística muy propias del género. Y se ven a estos convirtiendo los Boleros en Danzones, pues quitándoles a los primeros la letra lo usaban en la parte del violín del Danzón. Aunque se reconoció al Danzón como baile y al Bolero como canción.

El Bolero tampoco tiene una paternidad reconocida pues cuando se formaba nadie tomó nota, pues era muy atacado por los costumbristas. Entre sus más tempranos cultores tuvimos al santiaguero Pepe Sánchez, que algunos escritores dicen fue el creador del primer bolero titulado «Tristezas» en 1885. Esta idea está tan generalizada que hasta en el Museo Cubano de Arte y Cultura de la ciudad de Miami se celebró en 1985 los 100 años de haberse escrito el primer bolero cubano.

Antes de esa fecha se hicieron boleros como el bolero-mambo «San Pascual Bailón» de Manuel Saumellque se inscribió como congó-contradanza porque fue el movimiento cumbre de la Contradanza, y otro caso igual pasó con la Contradanza «La Valentina» de Tomás Buelta y Flores que se estrenó en el Tacón el 23 de febrero de 1841 con toda la gracia del Bolero al 2×4.

Cuando Cuba alcanza ser república en 1902, el Bolero resurge , agregándosele más de 10 modalidades realizadas por grandes arreglistas como los boleros-rancheros interpretados por Pedro Vargas y Lino Borges; el bolero-rock al estilo de los Chavales de España; el bolero-chá que grabó Belisario López; el bolero-mambo con el estilo inconfundible de Beny Moré, etc.

La radio ayudó a su popularidad surgiendo intercambios en América Latina con características locales. No así en Norteamérica que preferían nuestra música coreográfica (Habaneras, Rumbas) por ser más comprensibles, ya que el Bolero ha sido siempre más canción que baile.

El bolero fue una forma musical que nos enseñaron los colonizadores españoles en compás 2×3, y que con seguridad se escucharon en La Habana desde 1792. Ya en 1840 se observa la transición al compás 2×4, para en 1860 desaparecer la seguidilla tan hispánica y en 1870 se le impone el Cinquillo que siempre acompañará todas las composiciones cubanas.

Después de 1890, se hace cotidiano encontrar boleristas en la provincia oriental cubana cultivándolo con apasionamiento y hasta el sol de hoy nadie lo ha podido detener, aún en sus nuevas modalidades ha sido bendecido por el público y desde luego, por Dios.

En julio de 1792, la reseña que hace el periódico “Papel periódico” de La Habana, se refería al bolero español, ya que era una danza de hombre y mujer, marcada en 314, con pases de baile que comenzaban con un paseo y se acompañaban de castañuelas. Era un baile rápido que alternaba con los fandangos, seguidillas, polos y tiranas en el teatro tonadillesco. Sin ninguna analogía, salvo la igualdad en el nombre, con el bolero cubano, descendiente de la contradanza criolla, cuya antecesora fue la contradanza española) de la habanera , del danzón. En el siglo XVIII, la mayoría de los géneros musicales son bailes

A principios del XIX se fue haciendo la costumbre entre los bailadores habaneros, en cada cambio de figuras, cantar a viva voz con un texto sencillo para seguir la melodía de estas danzas habaneras. Dicha moda daría uno de los orígenes de la vertiente vocal e ‘independiente del baile, cuya función sería asumida, en la segunda mitad del XIX, por el Danzón.

En La Habana se popularizó en la Tonadilla hacia el 1810 por el sevillano Manuel García, autor e intérprete de ella dentro de su propia compañía, uno de los más grandes músicos del XIX. Autor de tonadillas, boleros, boleras, tiranas, cachuchas, óperas, guarachas. La cachucha se popularizó en toda América treinta años antes de que Fanny Ellsler, en 1836, la bailara en el Teatro de la ópera de París, en el baile de “El diablo cojuelo”, más tarde en La Habana.

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