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De cultura, bailes, ritmos y otras génesis (I)

De cultura, bailes, ritmos y otras génesis (I)

Como proceso consustancial a la historia, la cultura es huella de los contextos políticos que imprimen en el ser humano el primer y más sólido entrecruzamiento y complicidad con su devenir.

Para entender determinado proceso cultural es necesario tener en cuenta la relación de este con los procesos políticos, económicos y étnicos que en el sistema social marcan pautas, fomentanideologíasy establecen conductas.Y en esta línea de fuga que es la historia, los procesos devienen como espectros visibles con escalas que varían según el medio en que se desarrollan.

Si de sincretismo se habla, Cuba desarrolló una amplia gama de estilos musicales acriollados, basada en sus orígenes culturales españoles y africanos. Desde el siglo XIX, la música cubana ha sido popular e influyente constituyéndose como una de las formas más populares de música en el mundo, sobre todo después de la introducción de la tecnología de grabación.

Cuando Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua se hacía acreedor al título de Padre de la Patria, los más respectados compositores ya rebasaban los cincuenta años de edad, habiendo creado ya una música de calidad y al mismo tiempo inconfundiblemente cubana. Aunque Cuba no existía todavía como nación, ya tenía identidad musical y cultural.

¿Por dónde le entró el agua al coco?

Fernando Ortiz, el primer gran folklorista cubano, describe las innovaciones musicales de Cuba como derivadas de la interacción o transculturación entre los esclavos africanos que se asentaron en las grandes plantaciones de azúcar y españoles, como los habitantes de las Islas Canarias y otras regiones de España que cultivaron el tabaco en pequeñas fincas. Los esclavos africanos y sus descendientes crearon variados instrumentos de percusión y conservaron los ritmos que habían conocido en su patria.

La contradanza

La retroalimentación de la contradanza con su transcurso histórico alternó su desarrollo debido a que atravesó por culturas diversas y en proceso de integración, la hibridez y heterogeneidad de la contradanza prueba el histrionismo de dicho género. Desde su surgimiento en Inglaterra con el nombre de country dance en el siglo XVI, este estilo de música se definió como una expresión artística de la alta sociedad burguesa de la metrópolis española durante la colonización.

La Contradanza, con origen en el Country Dance  escocés (Edimburgo) llegada a La Habana desde la corte española, al inicio del siglo XVIII con Felipe V, el primer Borbón que llega con su corte a España (1701) y es adoptada por las clases populares de España y llevada a Cuba como parte integrante de España en aquel tiempo.

La contradanza española tiene su origen en la francesa Contradance, y esta, en una danza antigua escocesa, Country dance, la cual arraigó en Francia, según nos muestra la musicóloga Michelle Brenet en su Dictionnaire de la musique (1929), de la mano de los maestros de baile Isaac y Lorin, quienes introdujeron esta danza escocesa en la corte de Luis XIV, aproximadamente en 1684.

Por tanto la Contradanza ya españolizada en la corte española y llevada a Cuba, se retroalimenta por la Contradanza franco-haitiana llegada a Santiago desde Haití a finales del mismo siglo. En definitiva la Contradanza que llegó a Cuba por estos dos caminos diferentes va a generar la Danza o Habanera, el Danzón, el Danzonete, el Mambo y el ChaChaCha, ya en La Habana.

Lo que en un principio fue un baile pomposo, cortesano, formal de salón, con refinamiento exquisito, expuesto por la aristocracia y la burguesía liberal esclavista que se divertían a través de este estilo y exhibían su vestimenta cubierta de elegantes y selectas prendas, se convirtió luego en un estilo reconocido, mejor formado y estructurado como uno de los símbolos más auténticos para transformarse en un fenómeno internacional.

Al respecto Juan José Prat Ferrer, expresó: “La pieza que más influyó en la creación de una música genuinamente cubana, dentro de la tradición clásica europea, fue la contradanza, que al aclimatarse a la idiosincrasia de la isla caribeña, se transformó en la danza criolla y en la habanera, para dar después paso a los otros géneros que caracterizarán la música cubana de salón y popular de los siglos XIX y XX.

La influencia que ejerció la colonización española en el proceso de integración sociocultural fue clave para entender el nuevo temperamento de Cuba. Al margen de ello, la esclavitud con la llegada de los negros africanos que aportaron nuevas tendencias de sus raíces a la contradanza.

La armazón del epitelio artístico cubano trae consigo dos culturas completamente opuestas, ambas con modos de vida y costumbres, religiones, conocimientos y grado de desarrollo distintos. Por un lado, la raíz hispánica brindó al desarrollo de la canción popular valiosos aportes, entre ellos el conocimiento que alcanzaron los compositores y trovadores sobre las estructuras formales, tonales y rítmicas, el texto y la religiosidad cristiana debido al culto católico romano. Junto a la contradanza, el mozárabe, sefardita, flamenco y la italianización de la melodía.

Uno de los exponentes más ilustres de la contradanza en el siglo XIX es el compositor cubano Manuel Saumell Robredo (1817-1870). Su obra, según Leinier Pernas Ruiz, constituye un “digno ejemplo del nacionalismo y el sentir patriótico”. Entre sus composiciones más importantes se encuentran La Linda, El Bazar, El Disimulo, El Elegante, Los ojos de Pepa, Ayes del alma, La Tedezco, Luisiana, La Virtuosa, La Celestina, La Gassier, entre otros.

Además de este compositor que dotó el género de unas 50 contradanzas no debe olvidarse Nicolás Ruiz Espadero (1832- 1890), hijo de madre gaditana y padre cubano.

Alejo Carpentier, afrancesado reconocido, en su libro La música en Cuba, afirma que fueron las emigraciones francesas las encargadas de introducir la Contradanza en 1791 cuando dicha Contradanza arribó a las costas cubanas casi 100 años antes vía la corte española.

Cuando los colonos franceses de Haití llegan a Santiago de Cuba en 1802 y 1803, la aristocracia santiaguera aprende “nuevos bailes”, que creen puramente europeos pero ya llevan el sabor africano incorporado.

En definitiva la Contradanza genera la Contradanza Cubana, un baile social de figuras. Tanto a la Contradanza como a su posterior evolución, la Danza, se le denominará, fuera de Cuba, Danza Habanera o simplemente Danza o Habanera, hecho que crea bastantes problemas a la hora de investigar el nacimiento del género como canción Habanera tal.

Lo que en partituras se denominan Contradanzas Cubanas es un género antillano y hasta continental, del que existen ejemplos provenientes de varias islas y de países como México, Panamá, Venezuela, Colombia, e incluso de algunos tan lejanos como Brasil y Argentina.

La Contradanza, en Cuba, bebió en la música popular e incorporó modismos de la canción que el pueblo improvisaba y cantaba, así las Contradanzas llegan a convertirse en temas populares. En Cuba el pueblo siempre canta cuando suena la música.

Las figuras de la Contradanza eran sencillas e inspiradas en la línea y el círculo. Cada figura poseía su nombre específico, denominándose las principales: paseo, cedazo, ala, cadena, etc. Distintas figuras se iban poniendo de moda de año en año.

La Contradanza inicia en Cuba una de las sagas musicales más trascendentes en la música caribeña que nos lleva al Mambo y el ChaChaCha. Nacía así un baile de figuras o cuadros, muy en boga en la corte francesa y española de los Borbones, que tenía que ser ensayado y era dirigido por un bastonero, por lo que pronto se convirtió en un baile ejecutado por grupos de aficionados que se preparaban para representarlos, según nos cuenta Argeliers León.

En Francia fue denominada también Cotillón, una variante de la misma. En toda Europa se bailó también la Alemana, otra variante.

En la manera de bailar la Contradanza existía una colocación característica en la que se colocaban los hombres y las mujeres en una doble fila, donde quedaba cada uno situado frente a su pareja. Esta disposición ya la conocía el esclavo en Cuba por sus costumbres ancestrales en África. Este hecho constituyó un factor favorable en la asimilación acelerada del género según.

En las Contradanzas, están las semillas de géneros musicales que vinieron después. Se dice que todo el Danzón Cubano está enunciado en los ocho compases iniciales de “La Tedesco“, “la cédula de la Habanera (ritmo Tango) está contenida en la primera parte de la Contradanza “La Amistad”; la Guajira, en la segunda de “La Matilde”; la Clave en “La Celestina”; la Criolla, en la segunda parte de “Recuerdos Tristes”… y otras famosas Contradanzas de Saumell.

Es posible que todas las cédulas rítmicas que llevó al pentagrama Manuel Saumell Robredo, no fueran suyas, sino captadas de los bailes populares que frecuentaba”.

(Fin de la primera parte)

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