Menú

Cuando el mal no se cura con compresas

Cuando el mal no se cura con compresas

Mientras a Europa se le secan las ropas, tras la ventisca electoral del 26 de mayo, España ha hecho su declaración de principios luego de un proceso comicial que terminó el mismo día en que la mayoría de los países del bloque votó, según el calendario, para un cambio en la correlación de fuerzas de la Eurocámara.
Lo que sucedió a ese nivel corrobora la lógica que ha venido funcionando en buena parte del Viejo Continente. O sea, que la hegemonía tradicional en torno a conservadores y socialdemócratas, se ha sustituido por otro paisaje: el de una mayor fragmentación de las representaciones por grupos políticos.

Aunque España no escapa de esa dinámica, sí establece sus propias líneas. Tras el mandato del Rey Felipe Sexto, Pedro Sánchez, Jefe de Gobierno en funciones, debe iniciar las rondas de encuentros con los partidos con mayor cantidad de asientos en la Cámara Baja para, negociados los respaldos y abstenciones que necesita, poder someterse a un debate de investidura y salir airoso, o no, de la prueba de obstáculos que es, en España, intentar formar gobierno.
Afuera, están millones de españoles, que han seguido hasta ahora y seguirán por las próximas semanas, el guión, que no es de Almodóvar, pero no le faltan giros dramáticos, mientras miran al protagonista, antes Rajoy, hoy Sánchez, haciendo tiempo para que, una vez superado, no sin salpicarse, el mar de intereses en pugna, el nuevo Presidente de Gobierno y su equipo hagan frente a las prioridades económicas y sociales que hasta entonces han debido esperar.
¿Qué eligió España en abril para llegar a este mes?. Eligió el programa socialdemócrata del PSOE. Un camino donde pocos esperan la ausencia de piedras, pero es, en definitiva, una apuesta por lo conocido. Detalle importante, Sánchez ha sabido imprimirle a ese PSOE centenario, del bipartidismo español, un aire atemperado a urgencias del momento. Y lo ha hecho utilizando las cartas de la economía, la estabilidad política y la reforma con tinte social, ante un electorado harto de los ajustes, pero prevenido por el curso que toman los eventos en países como Italia.
Ese PSOE que intenta rescatar, al menos así lo dice, una postura que lo acerque más al origen de su nombre, ha sido funcional. Primero para rescatarse a sí mismo en tiempos en que la política tradicional ha sido desplazada por otras formas de hacer y decir en varios países de Europa. Y después para lograr el remonte más alto en las elecciones generales, recuperando simpatías que estuvieron con el Partido Popular, ahora en descalabro numérico, o migraron a Unidas Podemos, que también perdió fuerza, y poniendo coto a las pretensiones de la ultraderecha, específicamente VOX.
Pudiera ser este el comienzo de un nuevo pacto de reciprocidad entre la élite y las clases medias en España, o la posibilidad de una coalición de izquierdas a la europea, para evitar el movimiento telúrico que tanto temen los círculos de poder en ese país.  Hay que esperar para ver, el daño estructural, no se cura con compresas.

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *