¿Cuál podría ser el posible futuro de Donald Trump?

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Les propongo retomar los acontecimientos ocurridos el pasado miércoles en el Congreso de Estados Unidos, cuando cientos de seguidores de Donald Trump tomaron el lugar y obligaron a retrasar la nominación oficial de Joe Biden como nuevo presidente del país. Es cierto; se ha hablando y analizado mucho, y poco hay que decir respecto a los culpables intelectuales del suceso, sin embargo, hay una arista que no puede quedar al margen del análisis, y me refiero, a partir de ese suceso, cuál podría ser el posible futuro de Donald Trump.

Vamos por parte. Desde hace meses, muchos aseguraban que, fuera o dentro de la Casa Blanca, Trump sería una figura que marcaría el destino del Partido Republicano por algún tiempo. La aceptación casi absoluta de las bases republicanas, la aparente fidelidad de ciertos políticos, y más de 70 millones de votos, reforzaban esa tesis. Y ese era el plan de Trump, demostrar que preservaría una voz y que había que convivir con él sin ignorarlo, por eso probó fuerzas al enviar a sus seguidores al Congreso, por tal razón quería lanzarse otra vez a la presidencia en 2024, una candidatura que según algunos informes, iba a lanzar el 20 de enero para opacar la toma de posesión de Biden, por tal razón manejó la idea de crear su propio canal de televisión para interactuar con sus bases. El objetivo era incluso, convertirse en una de las grandes familias políticas, como los Bush o los Clinton, lanzando a sus hijos a luchar a puestos importantes.

Pero, y solo pregunto ¿ese es el escenario más probable hoy? ¿La élite política republicana está dispuesta a vivir bajo la sobre del legado trumpista? ¿El establishment, esa casta política de Washington, que no nos equivoquemos, sigue con mucho poder y capacidad de consenso, estará dispuesta a cruzarse de brazos y que un presidente perdedor domine el escenario, o estás dispuesta a deshacerse de una figura que ha roto reglas sagradas? Ese también es un escenario posible y un camino que se abre con más claridad al ver las reacciones tras los sucesos del Capitolio. El periódico español El País lo decía con claridad y con razón: Trump está más solo que nunca. Ni una Corte Suprema conservadora, con tres jueces nominados por él, fue capaz de seguirle el juego, ni los medios más extremistas, ni siquiera su siempre fiel vicepresidente Mike Pence, quien por cierto, sí asistirá a la toma de posesión de Biden y mantiene abierta la posibilidad de intentar destituirlo.

¿Qué ha pasado? Sencillo, el sentido de pertenencia a una elite, a ese estáblishment, es a veces más fuerte que cualquier filiación política oficial, que pertenecer nominalmente a un partido o a otro. Hay una maquinaria con códigos y leyes no escrito que todos necesitan respetar, además, y esto es otro elemento importante, Trump no tiene nada que ver con los valores tradicionales del Partido Republicano, simplemente fue un intruso, un cuerpo extraño que se coló entre las heridas. Por lo tanto, sí, hay una intención de deshacerse de Trump, de su tóxico legado y paso por la Casa Blanca, y hay recursos para ese plan; están los tribunales y demandas no faltan, desde delitos fiscales graves, sobornos, fraudes legales en negocios y herencias, hasta delitos políticos, y ojo, ya los tribunales le echaron manos a la obra.

¿Qué pasará con sus millones de seguidores? Una breve reflexión. Personas que a pesar de ver morir a sus familiares y amigos, son capaces de creer que el coronavirus no es peligro, que son capaces de creer toneladas de mentiras sin tan siquiera cuestionar una palabra, personas capaces de creen en Trump y todo lo que significa, personas así, pregunto ¿Son difíciles de manipular y encausar? Con un gigantesco aparato propagandístico ¿Es difícil lograr que miren a otro lado o busquen nuevos ídolos?

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