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¿Cuál es el verdadero Trump?

¿Cuál es el verdadero Trump?

Que políticos en Estados Unidos cortejen o sean permisivos con el supremacismo no es algo nuevo. Una parte de ese país siente aún nostalgia por los tiempos del sur esclavista, sueña con una nación de color blanco, y ve como un peligro el crecimiento de la comunidad hispana. Trump es la expresión, no la enfermedad. No inventó sus visiones, las aprendió en esa sociedad. Apostó por la idea de que “el temor” es mejor que “el amor” para mover a las personas en un lugar profundamente dividido.

Sabía lo que hacía cuando en 2016, evitó condenar en público el apoyo a su campaña por parte del ex líder del Ku Klux Klan, David Duke. Ya entones, el bastión de la supremacía blanca en Estados Unidos, veía en él una oportunidad de oro para hacer escalar el discurso de odio. El tiempo demostró que para ambas partes la xenofobia es rentable.
Desde entonces hasta ahora, el magnate no ha hecho más que sacar provecho a su entrenamiento en el mundo del reality, donde las bajas pasiones cotizan al alza, reduciendo la explicación de los problemas a un par de prejuicios y una historia mal contada sobre buenos y malos. Como suele hacer cuando recurre a los migrantes irregulares para llamarlos delincuentes que le quitan el trabajo a otros, aunque él mismo sabe, porque es empresario, que esos millones que laboran el doble por mucho menos que el estadounidense común, garantizan al capital, grandes ganancias.
Trump enseña y promueve las muchas formas de ser racista detrás de un teclado o un micrófono, ofendiendo a representantes de minorías, a naciones vecinas, negándose a reconocer la diferencia entre quienes convierten el odio en arma, y quienes lo enfrentan. Por desgracia, la conmoción por las muertes que cobra el terrorismo doméstico no logra romper con el inmovilismo, y se termina conviviendo con la amenaza de la violencia extremista, esa que tanto combate afuera Estados Unidos y, sin embargo, lo carcome por dentro.
Falta voluntad política real para detener un cáncer establecido en la médula cultural de ese país. Evidente ahora que los medios sostienen que la Casa Blanca rechazó durante más de un año los intentos del departamento de seguridad nacional de dar prioridad a ese tema.
Pero son otros los rincones del mundo que reciben la atención priorizada de la Casa Blanca en temas de derechos humanos. Hay políticos estadounidenses que centran sus agendas en lo que ocurre fuera de los 50 estados. Una decisión torpe, si se revisa bien la historia de países multi – étnicos. Tal vez Trump sea solo el efecto, pero su proyección política polariza más una sociedad con grandes divisiones, raciales y culturales.
¿Despertará en algún momento ese país?. ¿Qué Estados Unidos triunfará sobre el otro?. Una señal pudiera estar en las próximas elecciones presidenciales. En tanto, esperemos, no mueran más inocentes.

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