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Crisis de gobernabilidad en el Grupo de Lima

Crisis de gobernabilidad en el Grupo de Lima

Hay noticias que la gran prensa prefiere no dar, pero aquí le tenemos la primicia: crisis de gobernabilidad en el Grupo de Lima. Sí, como lo escucha. Tal vez recuerde que, durante las protestas promovidas por la oposición venezolana en 2017, esos mismos medios se hicieron eco de una supuesta “Primavera”. ¿El objetivo?… Provocar la salida a la fuerza del presidente constitucional Nicolás Maduro. Y el Ministerio de Colonias trató de cumplir como testaferro. Pero el plan falló (al no poder activarse la Carta Democrática Interamericana) y siguiendo esa lógica, apareció en 2017 la Declaración de Lima, la misma ciudad donde se firmó la Carta, aunque no era eso lo único en común.
Esa primera Declaración dio pie a un grupo político, el de Lima. El documento (como otros que llegaron después con las mismas firmas) fue pura injerencia en los asuntos de Venezuela ¿Y por qué el recuento?. Pues resulta que cuestionar las decisiones de un gobierno soberano, con tanto techo de cristal alrededor, no es recomendable, sobre todo cuando el tiempo pasa factura, a la distancia de dos años. En 2017, el Grupo de Lima condenó la supuesta ruptura del orden democrático en Venezuela. Hoy, sin embargo, la propia sede de los firmantes, Perú se debate entre la impugnación de su ente legislativo, y la creación de un nuevo parlamento a raíz del divorcio con el ejecutivo que, pese a ser destituido por la Asamblea, gobierna, Fuerzas Armadas mediante.
Pero Almagro no ve, está obsesionado con un solo país. Al igual que él, el Grupo de Lima sólo encuentra “razón de ser” inmiscuyéndose en el tema Venezuela. ¿Recuerdan cómo rechazaban la violencia en ese país en 2017?. Pero el silencio es total cuando Jair Bolsonaro en Brasil envía al ejército a las favelas, llama “héroe” a un represor de la dictadura, o gestiona pésimamente la situación en la selva amazónica. Tampoco nada que agregar sobre Argentina, donde parece ser cuestión de tiempo que Macri abandone el poder, dejando más de un tercio de la población bajo la línea de la pobreza, entre el endeudamiento y la recesión. Por no hablar de la represión en Chile contra estudiantes, mujeres y mapuches. Curiosamente, en ninguno de los casos hay expresiones de “preocupación” y “condena” por parte del Grupo, la OEA, o su patronal.
Esos países que atacaron desde el frente político a Venezuela hoy sufren, en varios casos, una crisis de gobernabilidad. Cada vez les cuesta más, a muchos de ellos, legitimar su gestión, mientras enfrentan descontento y presión social.  A diferencia de Venezuela no están bajo la agresión de fuerzas externas, todo lo contrario. Lo que les ocurre es resultado de la aplicación de medidas internas impopulares, tomadas por sus gobernantes, en acuerdo con organismos financieros conectados directamente a Washington. Ese era el modelo que muchos de ellos querían y quieren imponer en el continente. El mismo que ya fracasó, y ahora vuelve a hacerlo. Mientras Venezuela, Bolivia, Cuba y Nicaragua siguen su rumbo, hay otros que por resultar simpáticos a cierto poder, se encargan de hundirse, sin necesidad de ayuda.

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