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Comunión en cuerpos distintos

Comunión en cuerpos distintos

Ella lo tuvo todo pensado. Comenzó a engendrar más que moles en su juego de pasos. Quería voluntades. Y las tuvo. La sociedad le puso excusas. Contestó con luces, con historias en los cuerpos. Merecumbé le dio alas.

Tenemos un trabajo que va en dos vías: profundizar en las particularidades del lenguaje dancístico de América Latina y la matriz afrocaribeña. En Costa Rica por ejemplo bailamos muchos tipos de bolero, no solamente en cuanto a la música sino a los estilos creados. Hacemos un trabajo fuerte de rescate y utilización de esos códigos para la escena viéndolo como lo más amplio.

Interpretamos el merengue, el bolero con todo el sabor como lo concibe esta sociedad costarricense frente a una sociedad exotizada que le quitan la raíz de verdadera celebración y espacios para compartir en la vida cotidiana.

La tradición cultural debe ser sinónimo mejor calidad de vida, no solo esa idea de competencia o espectacularidad. En nuestra compañía trabajar problemáticas de la vida contemporánea que son generalmente presentaciones con otras intenciones en todo sentido, más allá de estereotipos que se tienen del país. En esencia, Merecumbé busca hablar en el mismo idioma, pero un trabajo más de autor, impactar al público, que reflexione y actúe de nuevas maneras y se acerque a la danza con más naturalidad.

Tocamos el asunto de la violencia intra familiar y los ancianos.Todo aderezado con la utilización estética distinta de los códigos. Como ejemplo cuando trabajamos con algo común, es elemental que llenemos con otros elementos para que el público distinga y se creen efectos únicos.

Le llamamos Swing Costarricense. Somos un puente de información con la hibridez enorme de elementos de riqueza en las adaptaciones, lo cocinamos de otra manera. Esta particularidad se vuelve un elixir contra la fachada de una sociedad que menosprecia los productos originarios.

Siempre se permea el sincretismo. Es primordial recibir ese voto de confianza del público cubano. Nos comunicamos diferentemente con todo el público espectador en todas sus denominaciones. Compartir un retrato de otra etnia y que los demás pueblos también sientan respecto hacia esa cultura es el mayor galardón para los que hoy fecundamos la danza.

Venir hasta acá deviene literalmente a un placer absoluto, una comunión extrema con el público. Nos identificamos mutuamente. Un abrazo en dos partes. La alegría que se respira en estos lares, más que florituras, es algo esencial.

En nuestras coreografías también ilustramos la coyuntura política en el país. Aristas como la libertad de género, la población LGTBI. Una era donde despertamos y nos encontramos con muchos prejuicios. Las cosas han vuelto a cambiar dentro de nuestras fronteras, a ponerse en perspectiva de menos amplitud. Ahí se reinventa, precisamente, nuestro discurso de movimientos: la alerta permanente ante falsas victorias sociales.

Siempre delegamos espacios para la improvisación como esencia viva de la compañía. La coreografía no es un guion absoluto, toma diferentes caminos.

Dentro del gremio han ido creciendo algunos de sus integrantes como coreógrafos por sus maneras distintas de asumir una obra. En mi valija deben estar pasión y respeto en la misma dosis.

Lo que persigo a la hora de generar nuevos bailarines es una enorme pasión por la cultura popular y respecto hacia otros puntos de vista, estar dispuesto a nutrirse y educarse para poder responder en la escena y fuera de ella y un respeto dado a partir de una fuerte investigación, por los elementos originarios. La valoración del componente humano, que bailen cuerpos muy distintos.

 

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